Tres de cada cuatro fracasos escolares están relacionados con problemas de la visión (tales como miopía, astigmatismo o hipermetropía), y muchos son los padres que lo desconocen. De esta manera, síntomas de problemas de la vista como son la falta de concentración, mareo o dolor de cabeza causan fracaso escolar sin que se pueda poner solución.

Después del verano pueden surgir problemas de visión que le afectarán en su día a día: los cambios de tiempo, el cloro de las piscinas y la exposición a los rayos solares hacen sufrir a los ojos. Si a ese problema previo se le añade el sobreesfuerzo que la vista tiene que hacer (al horario escolar se le unen las horas de estudio en casa), el problema puede ser aún mayor.
En los exámenes visuales que se realizan antes de empezar la escuela se mide la agudeza visual con algunos ejercicios básicos y simples; en base a esas primeras pruebas, se realizarán otras más exhaustivas para determinar si es necesario que el pequeño lleve gafas para fijar la vista. Para cerciorarse de que todo marcha bien, es conveniente repetir la visita al oculista cada seis meses.
Cuidar la vista de los niños es cuidar también su evolución, pues está demostrado que un 80% de la información que se percibe es a través de la vista, por lo que los problemas visuales pueden afectar en gran manera a su desarrollo escolar.
“Aunque en algunos centros escolares se realizan revisiones oculares periódicas, es conveniente acudir también por nuestra cuenta al oculista u oftalmólogo para determinar si los niños necesitan gafas”, recomiendan los expertos de Multiópticas. Si los niños son muy pequeños, lo ideal es ir al pediatra primero; éste redirigirá a algún especialista si detecta algún problema significativo.