salud : adolescencia
Futbolistas, músicos, actores de cine y televisión y muchos otros profesionales para los que su imagen es fundamental inundan las revistas de cuerpos musculosos, enseñando “tableta”. Son la referencia para muchos adolescentes que, en algunos casos, les lleva a realizar un ejercicio físico excesivo y obsesivo para aumentar su musculatura.
Los niños juegan con muñecos con proporciones exageradas, sus medidas no se parecen en nada a las de sus padres, sus vecinos, amigos, ni a las suyas propias. Los madelman de los años 60 han adelgazado, han ido al gimnasio, incluso han sufrido verdaderas operaciones quirúrgicas en manos de expertos publicitarios. Nuestros hijos pasan mucho tiempo con juguetes, como estos, de los que aprenden.
Cuando llegan a la adolescencia, y con ella a todas las inseguridades del mundo, observan asustados que el mundo adulto adora también la belleza y la fuerza masculinas, que las interpreta como la equivalencia del triunfo y de la felicidad. Los chicos no se pueden dejar avasallar por otros, deben defenderse a sí mismos y a los demás. El mensaje es claro: hay que ser guapo, alto y musculoso. En la televisión y las revistas aparecen cada vez más modelos de desnudos masculinos, que despiertan deseo y atracción. A elegir: culturistas, Cristianos Ronaldos, o andróginos y muy delgados. No caben los débiles, poco musculosos, bajos o gordos.
¿Qué es la vigorexia o “trastorno de Adonis”?
“Se trata de un trastorno psicológico lamentablemente muy extendido entre los jóvenes hoy en día, que parte de una obsesión por el culto al cuerpo y la musculatura y deviene en una peligrosa enfermedad que es necesario prevenir” denuncian desde el Ayuntamiento de Valencia. La idea, según apunta un estudio de la Universidad de Autónoma de Madrid, es que «los hombres de verdad tienen músculos y la falta de musculación refleja una falta de masculinidad o virilidad» e, incluso, surge el mito de la transformación: «si cambio mi cuerpo, cambiará mi vida, si mejoro mi aspecto físico, mejorará mi autoestima».
Cómo se pasa de querer ponerse en forma a sufrir vigorexia
Ir al gimnasio para hacer ejercicio resulta claramente beneficioso. Sin embargo, los chicos que padecen vigorexia pasan cada vez más tiempo entre pesas, cuidan su alimentación “enfermízamente” (prescinden de las grasas, lo pesan absolutamente todo…), se administran esteroides para mejorar el rendimiento muscular (sin darse cuenta de los perniciosos efectos secundarios que supone). Se van aficionando a los ejercicios de fuerza, se machacan literalmente, intentando superar sus objetivos, y se crean una adicción que se retroalimenta a sí misma.
El perfil del adolescente según los expertos
De estatura media-baja, con mucho peso (porque tienen mucha masa muscular) y con poca grasa corporal. La edad mínima reflejada en la muestra es de 15 años. Es sorprendente, como señala el estudio de la Universidad Autónoma de Madrid, que chicos en pleno crecimiento sometan al cuerpo a ejercicios de fuerza durante tanto tiempo sin darse cuenta del daño físico y psíquico que se están inflingiendo.
En resumen, adolescentes que buscan el ideal que le impone la sociedad, que sale en las películas, en los anuncios, en los deportes; adolescentes que se miran en el espejo y buscan músculo, un abdomen liso, una imagen que guste a las chicas… Además, si sudan en el gimnasio se les valora como una muestra de seriedad, constancia y capacidad de sacrificio; si se preocupan mucho por su dieta es porque se cuidan,… Nadie ve la línea invisible, la que separa un adolescente normal de un chico con un trastorno, todavía de difícil catalogación, que daña la imagen que tiene de sí mismo.
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