Tengo síndrome de Down ¿Y qué?

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Tengo síndrome de Down ¿Y qué?


La Convención Internacional de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad vista por sus Protagonistas
Son jóvenes españoles que piden que se respeten sus derechos. Lo han dicho en la sede de la ONU en NY, lo han plasmado en una guía, y lo seguirán exigiendo mientras la situación no cambie. La sociedad española debería estar a la altura de sus reclamaciones porque, aunque hasta que no se metieron en esta aventura algunos no eran conscientes, tienen derecho. 
En la guía íntegramente preparada por personas con síndrome de Down nos recuerdan varios artículos de la Convención, nos los comentan, nos hablan de su falta de implantación y nos piden que cumplamos la legalidad. Te lo resumimos:
 
ARTICULO 5. IGUALDAD Y NO DISCRIMINACIÓN
“Es un derecho que no nos discriminen por ser síndrome de Down, nosotros somos como somos. Discriminar es faltar al respeto. Nos discriminan por las buenas, nosotros somos personas, no somos animales” afirma Luis Fernando Nieto. “Es un derecho que defiende que no nos pongan excusas a la hora de entrar en los sitios. Somos personas educadas y con derechos” aclama Rubén Cuevas.
 
Desgraciadamente en nuestra sociedad aún se discrimina y uno de los grupos que pagan el pato de nuestra ignorancia son ellos. A Tonet Ramírez le pasó: “Una vez, cuando llegue a casa yo me encontré que no había luz. Entonces, llamé al servicio técnico no me hicieron caso, ninguno de los electricistas me hizo caso. No me respondieron, sino que me colgaron acto seguido, no tuvieron paciencia y yo no puede hablar ni explicar lo que pasaba (…)” y no es el único.
 
Piden que en la vida civil la gente les trate como una persona más y que nadie los discrimine cuando van a un banco, a pagar un recibo a un sitio público, a solicitar información, etc. y en sus posibilidades laborales, que la administración vigile que las empresas contraten a las personas con down y en empleo público adapten los temarios para que puedan intentar sacar una plaza en igualdad de condiciones.
 
 
ARTICULO 8. TOMA DE CONCIENCIA
La Convención solicita de los Estados que fomenten el respeto luchando contra los prejuicios. Ester Nadal nos da su punto de vista “que toda la gente que nos rodea de todo el mundo, que se espabile porque nosotros tenemos derecho a continuar con nuestra vida. Que se den cuenta que nosotros estamos demostrando hacer muchas cosas. Que la gente nos vea normales como cualquier persona”. Sin embargo, la aplicación anda lejos de ser óptima; incluso desde los propios padres, madres y amigos, quienes con un comprensible sentido protector son reacios a dejar a los chicos “crecer”, aunque ellos lo pidan con verdadero entusiasmo: como confirma María Miguel: “Mi familia sigue pensando que soy una niña”.
 
Como María, hay muchos que recuerdan que tienen derecho a tener una vida independiente y autónoma como cualquier persona. Y piden que, para que les conozca la gente, los gobiernos tienen “que hablar de nosotros en la radio, en la tele. La gente tiene que ver que nosotros valemos mucho y que estamos luchando por los derechos que tenemos”.
 
ARTICULO 19. DERECHO A VIVIR DE FORMA INDEPENDIENTE
Y A SER INCLUIDO EN LA COMUNIDAD
Para Raúl Rodríguez se resume en lo siguiente: “el derecho a decir no a nuestros padres, ellos no podrán decidir si tengo que ir a una residencia con otras personas con discapacidad, tengo el derecho a decir que no quiero ir a este sitio”; A Raúl Tavira le  gustaría vivir con una amiga pero sabe que lo tiene difícil “(…) tendré que demostrar que lo puedo hacer”.
 
En definitiva, piden respeto, apoyo y ayuda para hacer lo que los demás: vivir donde quieran y con quien quieran y que no les encierren en una residencia. Quieren que la familia lo entienda.
 
ARTICULO 24. EDUCACIÓN
Hay chicos a los que insultan, tiran piedras y sufren acoso por querer ir a un colegio, aprender y jugar como todos los demás. Según la Convención, todas las personas con discapacidad tienen derecho a la educación, en igualdad de oportunidades que los demás. Para Carlos Aragón se ampara “el derecho a poder estudiar con compañeros con y sin discapacidad. Que nos enseñen a leer y a escribir bien a todos, y que no nos saquen del aula para aprender”.
 
El catedrático de la Universidad de Manchester y co-director del Centro de estudio para la Equidad en Educación de dicha universidad, Mel Ainscow defiende que exista una sola escuela para todos:“en una escuela inclusiva, las diferencias son vistas como recursos porque estimulan la creatividad del profesorado. Estos centros están dirigidos por valores”. Además continúa “tenemos que convencer a toda la sociedad de que estos centros beneficiarán a todos los alumnos, no solo a aquellos que tengan necesidades especiales”. Sin embargo, únicamente un 21% de los Centros educativos tienen entre sus alumnos a un/a chico/a con síndrome de Down según la asociación nacional. Como podemos comprobar, más que los planes de estudio, las instalaciones o las capacidades se trata de prejuicios y barreras psicológicas que aún perviven en la sociedad.
 
Por su parte, ellos nos reclaman que “(…)en todos los países se den cuenta que nosotros y todos los niños con discapacidad o sin discapacidad tienen este derecho a la educación” (…)“que nos dejen más rato para pensar y que si no sabemos alguna cosa o necesitamos ayuda ya la pediremos, no hace falta que vengan todos a ayudarnos”.
 
ARTICULO 27. TRABAJO Y EMPLEO
Patricia Torres estudia unas oposiciones para el Ayuntamiento: “(…) apruebo los exámenes porque estudio mucho, dedico más tiempo a estudiar que otras personas, también el Ayuntamiento de Granada ha adaptado los exámenes para que nosotros nos podamos presentar. Yo pienso que otras ciudades podrían hacer esto también”. Sin embargo, el caso de Patricia no es lo habitual, Jesús Juárez ha vivido esa otra realidad: “mis compañeras querían que yo cobrara la mitad porque dicen que yo trabajaba menos”. Por lo que exigen las mismas oportunidades y que “los sindicatos tomen medidas para que las personas con discapacidad podamos saber cuales son nuestros derechos como trabajadores”. Una de ellas, continúan, puede ser que haya una persona en los sindicatos que atienda a las personas con discapacidad intelectual.
En resumen, una sociedad que se considere justa tiene un deber moral de ocuparse de todos sus ciudadanos y un deber jurídico de garantizar a todos el ejercicio de sus derechos. Los jóvenes con síndrome de Down nos lo recuerdan.
Susana López
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Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons
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