Para los padres, principalmente primerizos, las enfermedades de sus hijos se convierten en una fuente inagotable de miedos, dudas y sobresaltos. La campeona en rompernos la cabeza es la fiebre, cuando aparece en sus pequeños cuerpecitos. Y ¿Qué hacemos? ¿Lo abrigamos o lo bañamos en agua helada? ¿Le damos un analgésico o llamamos a nuestra madre? ¿Le dejamos dormir o le envolvemos en mantas y le llevamos al hospital?
El objetivo de la fiebre: luchar contra la infección
Aunque tener fiebre se considere algo negativo, el aumento de temperatura ayuda a acabar con las infecciones del cuerpo. Además se comporta como un excelente chivato porque siempre nos avisa de que algo no va bien. Lo importante no es tanto bajar rápidamente una fiebre “normal” sino saber qué la ha producido.
Se considera que una persona tiene fiebre cuando su temperatura supera los 38º.
Causas
Hay multitud de razones que justifican un estado febril. Desde un ejercicio excesivo, un ambiente muy caluroso, los efectos no deseados de algunas vacunas hasta todo tipo de infecciones producidas por virus. Podemos considerar como leves las infecciones respiratorias, de garganta, oído, sinusales, gastroenteritis, etc. y más serias la neumonía, tuberculosis o meningitis, entre otras.
¿Qué hacemos si nuestro hijo tiene fiebre?
Aunque estemos absolutamente seguros con solo tocarle la frente, hay que comprobarlo. Le pondremos un termómetro digital en la axila, los de mercurio son peligrosos porque se pueden romper (por lo que nunca deben utilizarse ni en la boca, ni en los oídos ni en el culete del pequeño). Como ya hemos señalado, los gérmenes mueren por el aumento de temperatura, por lo que no hay que empeñarse en erradicar la fiebre en todo momento. La Comunidad de Madrid recomienda tratarla si es superior a 38,5 º C, si su hijo padece crisis febriles, si se acompaña de malestar general, si el niño tiene una enfermedad del corazón, del riñón o de los pulmones, o si está deshidratado.
En cualquier caso es conveniente:
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Mantener una temperatura agradable en casa.
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Ofrecer al pequeño líquidos azucarados en pequeñas tomas frecuentes.
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No obligarle a comer, se suele perder el apetito en estos casos.
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Pasarle una esponja humedecida y ponerle cómodo y con ropa ligera.
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Se le puede dar un baño con agua templada pero solo si el niño quiere, también puede jugar si se encuentra con ganas. No hay ninguna necesidad de que esté en la cama aburrido.
Errores que debemos evitar:
Las tan temidas convulsiones
Las convulsiones febriles sí existen y son consecuencia de una sensibilidad especial a los cambios bruscos de temperatura (por lo que recomendamos bajar la fiebre poco a poco). Sin embargo, no son peligrosas. Hay que mantener la calma y sujetar al niño para que no se haga daño. Cuando termine pondremos al niño de lado por si vomita. Solo si dura más de cinco minutos o no reacciona hay que llevarlo al médico según nos recomienda la Comunidad de Madrid.
Mantener la calma e ir a urgencias si…
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Tiene menos de tres meses de edad.
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La temperatura es superior a 40,5 ºC.
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Presenta mal estado, se le ve irritable o decaído.
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Le duele la cabeza y vomita (sobre todo si estos son “en escopeta” sin nauseas ni arcadas). Respira con dificultad.
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Si padece alguna enfermedad crónica grave.
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Le han aparecido granos o manchas en la piel, en especial si presenta puntos rojos que no se blanquean al presionar.
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Ha tenido una convulsión.